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El Mecanismo Único de Supervisión Bancaria europeo arranca con la protección a los consumidores como asignatura pendiente

El nuevo supervisor de la banca europea no tiene entre sus funciones la protección a los consumidores o la vigilancia de los servicios de pago -tarjetas, cheques, etc- que siguen recayendo en los supervisores nacionales a pesar de su escasa eficacia.

Una vez ha concluido el examen a los bancos europeos realizado por el Banco Central Europeo (BCE) y la Autoridad Bancaria Europea, y publicadas sus notas, arranca una de las piezas clave del camino hacia la Unión Bancaria, el Mecanismo Único de Supervisión Bancaria (MUS), bajo cuya vigilancia estarán 128 bancos de la zona euro, 15 de ellos españoles -14 cuando finalice la integración de Catalunya Banc en BBVA-. Estas entidades tendrán que obtener el visto bueno de este organismo formado por los bancos centrales de los 18 países de la zona del euro y por el BCE para sus compras en el extranjero o su política de dividendos. 

¿Cuáles son los aspectos esenciales a tratar en una reforma del sistema financiero y más concretamente ante la fragmentación existente en la banca europea durante los últimos años? El objetivo claro debe ser evitar las crisis y, en su caso, minimizar las consecuencias una vez producidas (transmisión, contagio, etc), y especialmente que estas no repercutan al consumidor en su operativa cotidiana. Con respecto a la segunda de las cuestiones, hasta ahora la respuesta se ofrecía aisladamente y con muchas carencias, en forma de intervención de organismos nacionales, pero no era posible que un control local como por ejemplo el Banco de España pudiera responder a un problema global, y viceversa. 

Además, de poco sirven las normas si su aplicación preventiva no es eficaz. De ahí la necesidad de crear un organismo único que bajo el principio de “estabilidad financiera” defina y controle de forma ejecutiva la actuación del mercado bancario. Como ADICAE viene defendiendo desde hace años, procedía una profunda revisión con solidez institucional suficiente como para imponer reglas de juego y supervisión universales que permitan una correcta y homogénea evaluación de riesgos bancarios y prevengan de quiebras sistémicas, generando confianza en el funcionamiento de los mercados y sobre todo en el consumidor, confianza de la que ahora carece la banca europea en general.

¿Huirá de la burocracia?

Vista la ineficacia de los bancos nacionales incluso dentro de sus propias barreras, parecía lógico apostar por un mecanismo único de supervisión que provoque que hablemos de bancos europeos sin vínculos evidentes hacia sus regiones de origen, armonizando conceptos y, por ejemplo, limitando la cantidad de deuda pública que pueden comprar las entidades. Eso sí, deberíamos huir de la excesiva burocracia de este tipo de organismos, para que reaccionen con agilidad, transparencia y con la debida diligencia que se le debe exigir a una institución europea fundamental como esta.

A pesar del avance que supone la creación de este MUS los ambiciosos objetivos marcados inicialmente no se han cumplido, por lo que seguirá habiendo déficits que dificultarán en buena medida que la supervisión sea eficaz y garantista. 

En primer lugar, sólo se supervisarán 128 entidades especialmente significativas por su tamaño, quedando fuera entidades de que  no alcanzan el límite de los 30.000 millones en activos, u otras como la SAREB, las sociedades de garantía recíproca, los establecimientos financieros de crédito, las sociedades de tasación y las fundaciones de los bancos. Además, deja fuera también un aspecto fundamental como el de la protección del consumidor, que claramente no ha sido garantizada por los supervisores nacionales a la vista de los últimos abusos bancarios.

Las autoridades nacionales también seguirán a cargo de la protección del consumidor en aspectos financieros, la lucha contra el blanqueo de dinero, así como de la vigilancia de los servicios de pago -tarjetas, cheques, etc- y de las sucursales de entidades de países de fuera de la Unión Europea.

La banca europea sigue sin hacer los deberes

Por otro lado, y teniendo en cuenta que sólo el rescate del sistema financiero español ha costado a los contribuyentes al menos 170.000 millones de euros -entre rescates y créditos- los 55.000 millones destinados a este MUS se antojan insuficientes en otro hipotético escenario adverso -además de que no se alcanzará esa cantidad hasta pasados 8 años-, circunstancia que ha quedado en evidencia tras los 25 suspensos de los test de estrés, que demuestran que la banca europea no ha hecho aún los deberes.

Por último, hablamos de este mecanismo único de supervisión en un contexto más amplio que nos conduce hacia una definitiva Unión Bancaria en Europa, en el que jugarán un papel importante el Fondo de Garantía de Depósitos Europeo y el Mecanismo Europeo de Resolución. Y es que estas dos fases, aún en proceso, son una prioridad para los consumidores, para garantizar sus ahorros si un banco quiebra y para evitar que los contribuyentes y ciudadanos de a pie tengamos que pagar de nuevo los rescates de la banca, provocados por sus evidentes excesos y fraudes continuados. 

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