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Las eléctricas se escudan en la demanda para reducir renovables y encarecer la luz

Con el paso de los años el precio de la electricidad, a pesar de ser un servicio esencial, aumenta más y más. Los hogares españoles acumularon durante el primer cuatrimestre de 2021 una subida del 16,8% en su recibo eléctrico respecto al año pasado, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). A día 16 de junio de 2021 el precio de la energía, con casi 95 euros por megavatio hora (Mwh), alcanza el nivel más alto desde Filomena y el tercer nivel más caro de la historia.

 

¿Qué está pasando para que se produzca este incremento? Y, sobre todo, ¿qué se oculta a los consumidores?


Generalmente, el aumento del precio de la electricidad se achaca al incremento de la demanda, especialmente en los últimos meses y tras la paulatina recuperación por la pandemia. Esto no es más que ruido, achacar la factura de la luz al comportamiento de los consumidores es tan oportunista como irrelevante.


Las compañías eléctricas se escudan en la ley de la oferta y la demanda, pero obvian torticeramente si ésta se manipula. Que la demanda aumenta es un hecho, relativamente. Que la oferta varía en función de sus intereses, es irrebatible.


Desde diversas instituciones supervisoras ya se desliza la posibilidad de que las compañías eléctricas manipulen la oferta energética para que aumente el precio y se puedan llevar un margen de beneficio mayor.


La materia prima, es decir, la fuente de energía utilizada para producir electricidad se reduce, especialmente la eólica o la solar fotovoltaica, a que son más baratas. En un sistema marginalista, los operadores ofertan estas energías a precio cero o casi cero ya que prácticamente todos los costes procedentes de estas son fijos. 


Sin embargo, con las energías de ciclo combinado, además del coste fijo, se añade la variable que deriva del coste del combustible y el precio de las emisiones de CO2. El gas natural, hidrocarburo más caro tras el carbón, y este último se han dejado de usar por lo contaminante de sus emisiones. Lo relevante es que el oligopólico eléctrico elige generar electricidad utilizando más gas y, por tanto, sus precios se elevan muchísimo, lo que se traslada directamente al precio final de la electricidad.


Las fuentes de energía más baratas (eólica y solar) disminuyen su producción, aunque las condiciones climáticas españolas otorguen capacidad de generar más energía. A las eléctricas no les conviene sacar partido de la energía más barata pues cuentan con el gas, que reporta mayores beneficios. Aún más, las eléctricas comercializan la energía total a precio de gas y en los cálculos de la factura eléctrica pesan menos las energías más baratas. Por consiguiente, la factura de la luz de los consumidores es cada vez menos asequible.


Todo ello está siendo objeto de debate en diversas sesiones informativas organizadas por ADICAE sobre la nueva factura de la luz. Diversos expertos coinciden que se prevé una demanda más grande de electricidad, "pero si a la gente no se le pone ninguna corta pisa, vamos a tener un problema con los precios”, confirma Francisco Valverde. Este mismo apuesta, en la medida de lo posible, por reducir el consumo en las horas puntas e ir trasladándolo a las horas más asequibles y repartir así la carga en las horas valles y llanas.


Los consumidores no deben permitir que las eléctricas les responsabilicen del encarecimiento de los costes de un bien de primera necesidad o servicio esencial.


Podemos tender a reducir el consumo en las horas punta en la medida de lo posible para aminorar la factura de la luz.


Podemos tomar decisiones conscientes que nos permitan usar de manera responsable, sostenible y adecuada la electricidad que consumimos.

 

Y debemos, sobre todo, denunciar los abusos de las empresas eléctricas, que tienen la energía en máximos, por encima de los precios del resto de países europeos.

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