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Guía básica para ahorrar luz, agua y gas en nuestro hogar

Con las últimas subidas en los recibos de la luz, gas y agua, una familia española gasta aproximadamente entre 2.500 y 3.000 euros anuales en pagar las facturas de estos tres suministros básicos para cualquier hogar. Si bien es cierto que los impuestos y las partes fijas de las facturas suponen un buen 'pico' para todos los consumidores, siguiendo diversas pautas de consumo es posible ahorrar a fin de mes. A continuación detallamos los principales consejos ofrecidos por expertos en la materia, y que se han plasmado en los diversos talleres sobre cómo ahorrar energía en el hogar que ADICAE ha venido realizando en toda España en los últimos meses.

Racionalizar la temperatura del hogar

Si pretendemos estar siempre en nuestra casa vistiendo prendas de verano, los consumos de energía se disparan. En invierno debemos procurar que la temperatura de la calefacción no supere los 21º, manteniéndola encendida un máximo de 8 horas o de 6 si el aislamiento de la vivienda es de alta calidad. Además, podemos usar acumuladores de funcionamiento nocturno con tarifa de discriminación horaria.

En verano es recomendable no poner el aire acondicionado por debajo de los 26º, sustituyéndolo a ser posible por un sistema de corriente de aire o ventilación natural. 

Además siempre es conveniente mejorar el aislamiento y el ajuste de puertas, ventanas, claraboyas y resto de aberturas de la vivienda al exterior para que no entren ni el frío ni el calor, ni el viento ni la lluvia o la humedad, y ni siquiera el polvo. Para ello hay soluciones económicas, como colocar burletes en puertas y ventanas o placas de yeso laminado en las paredes.

Medidas de ahorro energético en electrodomésticos

En general es conveniente apagar completamente todos los electrodomésticos que no se empleen, desenchufándolos de la corriente eléctrica. Aunque la opción de 'standby' de un electrodoméstico esté apagada, lo cierto es que a través del cable continúa llegando energía, que está 'a disposición' del aparato, para ser utilizada en cualquier momento. Esa energía, que penetra en nuestro hogar, se refleja en nuestro recibo de la luz a pesar de que no la estemos utilizando. Según diversos estudios, haciendo esto es posible ahorrar hasta un 75% del importe de la factura de la luz.

Si el consumidor quiere saber qué electrodomésticos de su domicilio son los que más energía consumen, es preciso instalar un medidor de consumo instantáneo en el cuadro de luces de la vivienda, y medir manualmente las lecturas que ofrece a medida que se van desconectando los electrodomésticos.

A continuación desgranamos qué podemos hacer para minimizar el consumo de los principales electrodomésticos que se utilizan en una vivienda:

Frigorífico: Graduar el termostato según la carga y la temperatura ambiente. Ordenarlo, lo que disminuirá el tiempo de apertura ya que se encontrarán antes los alimentos que se buscan. Descongelarlo periódicamente, ya que la acumulación de hielo aumenta el consumo.

Lavavajillas y lavadora: Llenarlos casi completamente antes de usarlos. Utilizar un descalcificador y programar a la menor temperatura posible. 

Vitrocerámica y horno: Cocinar varios platos de manera sucesiva, para aprovechar el calor residual. Tapar las ollas, cacerolas y sartenes para aprovechar el calor que se pierde en el aire. Apagar estos electrodomésticos instantes antes de que el alimento vaya a quedar completamente cocinado, para que acabe de hacerse con el calor residual.

Televisores y ordenadores: Bajar el brillo de los monitores y utilizar estos aparatos en modo de ahorro de energía. 

Cómo ahorrar en iluminación

Utilizar bombillas de bajo consumo.

Reducir al máximo las bombillas encendidas simultáneamente en aparatos de luz con varios brazos si en la habitación en la que están no se hace ninguna actividad que las requieran.

Apagar las luces de los pasillos y habitaciones en las que no haya nadie.

Cómo ahorrar agua

Para conseguir un ahorro significativo en la factura del agua hemos de instalar grifos con mandos suficientemente grandes, para que se abran y cierren fácilmente y esto se haga de manera instintiva mientras el agua fluye sin ser usada: al enjabonarse en la ducha, mientras nos lavamos los dientes o enjabonamos las manos en el lavabo, cuando fregamos los platos en el fregadero... Cuando haya que cambiar los grifos, la mejor opción son los grifos monomando, cuyo consumo es de 6 a 8 litros por minuto, frente a los 10 litros de un grifo tradicional.

Conviene instalar difusores reguladores de caudal -incluso en la ducha- y sistemas de evacuación de agua con mecanismos de ahorro en cisternas de descarga. Tirar de la cadena de una cisterna convencional puede llegar a consumir entre 10 y 15 litros de agua. Los sistemas de doble descarga permiten un importante ahorro, pero si no se dispone de ellos, algo tan sencillo como colocar una o dos botellas de plástico llenas dentro del depósito reducirá unos 3 litros por descarga.

Hemos de revisar que ninguno de los grifos de la vivienda gotee, y que no haya pérdidas de agua en ninguna de las tuberías, tanto en los circuitos de agua potable como en los de calefacción y agua caliente.

Si ha llegado el momento de sustituir electrodomésticos, los de bajo consumo incorporan programas de ahorro de agua. Por ejemplo, una lavadora antigua gasta unos 80 litros en cada lavado, mientras que un modelo de bajo consumo sólo gasta unos 50 litros.

En definitiva, los consumidores tenemos el reto innegociable de convertirnos en sujetos activos, responsables, críticos y solidarios, en centro y palanca del cambio social en este siglo XXI que ha comenzado con una enorme recesión económica. Cambiar nuestros hábitos de consumo en el hogar debe ser un paso importante para ello.

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